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surf en pinamar
Jinetes del Mar
En cada playa del planeta hay un valiente que desafía a las olas y que intenta conocer y descifrar el lenguaje del océano. En Pinamar los hermanos Peluffo, Adrián "Perico" Herrera, Alejandro Carini, Gastón
Caminata, Pablo "Chiquito" Bellini y los hermanos Estanga representan a ese grupo de “locos por el mar”.
por karina lopez
fotografias de diego valle | archivo |
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N adie imaginaría que la forma en que primitivamente se comunicaban los nativos de las islas Hawaii, yendo de una isla a otra, se transformaría en un deporte de relevancia mundial. Tradición relacionada con costumbres religiosas también, el surf se originó cuando los pobladores de Waikikii usaron madera de palmeras para confeccionar tablas y salir a pelar con las olas.
Miles de años después la realidad se ha vuelto gigante: países lo adoptaron como deporte nacional. El circuito mundial mueve cuantiosas fortunas y se ha convertido en una apuesta estética y hasta una forma de vida. Australia y California lo posicionaroncomo deporte local. Buscaron mejorar las técnicas e implementos de las tablas que se comenzaron a construir a medida. Con una mirada científica se estudiaron las estrategias para lograr el preciado equilibrio. Todo un fenómeno que creció en proyección geométrica. Y para quienes lo envuelven dentro de una moda, su permanencia a través del tiempo ha dicho todo.
Tal es el fanatismo de algunos, que en Japón a pesar de no ser expertos han inventado una modalidad bajo techo: para mudar el océano a un estadio cubierto, diseñaron una pileta que cuenta con una máquina de “fabricar” olas. Este sistema permite seleccionar los distintos tipos de olas que la naturaleza ofrece en cualquier playa del mundo.
América Latina se ha vuelto surfista y la Argentina también: en nuestro país esta práctica cuenta con treinta y seis años. Daniel Gil, hijo de un vicepresidente de Boca, fue el pionero. Acompañaba al equipo xeneize a todos lados y conoció el surf por casualidad en los Estados Unidos.
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rededor del año 1770 el capitán inglés
James Cook en uno de sus viajes, se sorprendió junto
a su tripulación ante una práctica ritual que
realizaban los nativos en las islas de la Polinesa. Como un
acto religioso entraban al mar con troncos y se paraban sobre
ellos para augurar una buena temporada de pesca. Y el tronco
se transformó en madera y luego en el poliuretano con
el que hoy se fabrican las tablas de surf. |
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De una gira del primer equipo por el Perú, se trajo tablas que Antonio Rattín y otros jugadores debieron pasar por la aduana bajo la mirada atónita de los controles. “Son para entrenar a los muchachos” explicaron, mientras los dejaban pasar. En realidad, esos tres largos tablones fueron las primeras tablas de surf que se pasearon por el mar argentino. Así, el 2 de mayo de 1963, Gil se transformó en el primer surfista del país después de “correr” un par de olas en Mar del Plata. Esta ciudad es hoy el epicentro argentino del surf, pero en Pinamar hay muchos que hacen culto del deporte con las mismas ganas que un “surfer” de indonesia. Como muestra del crecimiento del deporte en el país se observa la salida bimestral de una revista llama Surfista, un programa de culto para los adictos a la actividad, MDQ, que ya se emite por un canal de aire y que llega a toda Sudamérica, y hasta una línea 0-600 que informa sobre el estado de las olas con boletines diarios. Todo en la Ciudad Feliz.
Una familia Surfer
La casa de la playa, “la Pochy Beach” ubicada entre los balnearios Barbados y Gruta Azul, es el lugar donde se alojan los Peluffo cada verano en Pinamar. Allí el movimiento humano es constante. Devenido en club social para toda la caravana de amigos, hasta cuenta con un estacionamiento de tablas.
Martin “Cuca”, Pablo y Federico son los mayores de un grupo de cuatro hermanos devotos del surf.
“Nosotros íbamos a Cabo Corrientes en Mar del Plata a ver surfear a otros chicos. Usábamos unas tablitas de telgopor” -risas- “Y sí, porque en ese momento era raro ver tablas de surf. Un tiempo después en el 82 nos compramos las primeras tablas y nos pusimos en marcha” confiesa Cuca, el más rubio de todos.
“Lo bueno del deporte es el grupo de amigos que lográs... yo conocí a todos mis amigos surfeando desde chico y los mantengo después de todos estos años” remata dejando en claro que quiere mucho al surf.
“Si, es cierto, dentro del agua hay mucho compañerismo. Si se te corta la pita (lo que sujeta el pie a la tabla), si te vas de viaje acá y en cualquier lado ser surfista tiene los mismos códigos” agrega Federico, el de ojos más celestes...
La idea de grupo es un concepto muy arraigado en el deporte. Les gusta moverse así. Sea para buscar buenas olas o viajar por el mundo con la mochila a cuestas y la tabla al hombro.
“El surf fue creciendo y haciéndose conocido. Ves el estilo del deporte hasta en un tipo de ropa que se usa mucho, en el patrocinio de Reef. Cuando nosotros empezamos en Pinamar nos miraban extrañados de ver unos tipos con tablas raras”. Así fue el inicio según Federico.
“¿Cómo es el entrenamiento? No hay uno especial. Tenés que darle hasta que te parás sobre la tabla. Ahora puede que sea más fácil porque hay escuelas, un mayor movimiento. Pero cuando empezamos no tenías muchos recursos para aprender.
Yo tarde todo un verano en poder pararme. Estaba decepcionado cuando finalmente, lo logré” confiesa Pablo, otro de los Peluffo surfistas.
Para Cuca se debe empezar con una tabla de gran flotabilidad, “que sea estable, porque las tablas más chicas son más rápidas, como para una persona con experiencia. Si uno quiere ser profesional se requiere de un entrenamiento completo, con deportes complementarios y hasta una dieta especial. Nosotros acá en Pinamar lo hacemos para divertirnos y compartir buenos momentos con amigos y para organizar viajes”.
“Los elementos esenciales son la tabla con la pita, la parafina y ...solo el mar” aporta Pablo nuevamente. “Si te gusta el deporte y querés meterte más en el tema podés comprar el traje para el frío o los neek, que son las gomas en donde ponés el pie para poder pararte. Si montas diferentes tipos de olas porque viajas, vas a necesitar distintos tipos de tablas, porque el tamaño de ésta se relaciona con las dimensiones de las olas”. “Pero en realidad el surf no es tan caro. Si viajás podés gastar mucho o poco. Ir a Costa Rica y gastar 500 dólares o 3.000 si vás a un hotel cinco estrellas. Pero corremos con una ventaja. Fijate que los lugares donde están las mejores olas, son ciudades pobres: Perú por ejemplo” advierte Cuca, como aconsejando a cuidar el bolsillo.
El surf se instaló en las costas de los dos océanos desde la Patagonia hasta baja California. La amplia gama geográfica de América brinda escenarios que varían en climas, playas y, lo mejor, en oleajes tanto en el Atlántico como en el Pacífico. Sea invierno o verano.
Los Peluffo han viajado y cumplido con ese sueño de los surfistas en la búsqueda de olas desafiantes.
“Nosotros hemos estado en Hawaii, en California un par de veces, en toda la zona de Chile, Brasil y Uruguay. Nunca estuvimos en Indonesia, algo pendiente. Pero yo creo que el mejor lugar para surfear es Perú. No hay gente, están las mejores olas que te puedas imaginar y además la onda de los peruanos es bárbara” relata entusiasmado Cuca.
“Podés ir al norte, a 50 kilómetros de Lima, a un lugar llamado San Bartolo, donde hay olas muy diferentes: correr una ola de 4 metros, encontrar otra al lado de 1 metro y medio o, si preferís, optar por algunas más bajas. Tener el fondo de piedra permite que se formen olas perfectas. Hay espumas que miden tres metros... es increíble” continua en una narración que invita a deslumbrarse.
Es cierto que Perú es uno de los países más populares, conocido como el Hawaii sudamericano: en Puerto Chicama se puede competir contra olas cuyo tamaño oscila en los cuatro metros de altura. Pero también otras playas son altamente recomendables: Mal Passo, Lima, Punta Hermosa, Cerro Azul y Puerto Escondido, todas en México. Estas playas por sus características comparables a las más conocidas del mundo, ofrecen las tan codiciadas olas tubo y fondos de arena, que las hacen mucho más seguras que los fondos de roca o coral de Hawaii o California.
Así también lo son las playas del sur argentino o la de Iquique, en Chile: parajes hermosos y prácticamente desconocidos con las condiciones ideales para que los amantes del surf se sientan a gusto.
“A mi no me gusta surfear o las grandes” aclara Cuca “porque tenés que estar muy acostumbrado o haber viajado mucho. No puedo olvidarme de Hawaii, donde el paisaje es increíble. Pero también de Chicama, donde encontrás olas en las que viajás un kilómetro y medio en la misma ola. Hasta tenés que bajarte para descanzar las piernas porque no te dan más”. Palabras mayores.
“Acá lo mejor es mardel, por la forma de la playa. Cabo Corrientes y las playas del sur. Necochea es bueno porque es muy profundo. El problema de Pinamar es que son playas muy abiertas y con un viento que no ayuda” pronuncia Pablo en una especie de queja resignada.
Pero entre tanta descripción alentadora, hay cierto riesgos que se corren en el surf, como la caída de una ola imponente, quedar atrapado en la espuma o cortarse con un fondo de coral o piedras.. “a veces estas arriba y otras te toca abajo” aclara Federico.
“Lo que más te lastimás son los pies, porque los mejores lugares para surfear tienen fondo de piedra o coral. También lastiman las quillas de las tablas. Hay gente que no sabe como caer o tirar las tablas al costado. Las olas grandes son peligrosas porque uno pierde el control y se golea duro al caer. Pero de todas formas no es tan peligroso como se cree. Creo que es más peligroso jugar al fútbol que surfear” concluye Cuca con años de experiencia a cuestas.
Según estos surfistas pinamarenses hay que levantarse bien temprano para encontrar las mejores olas.
“Lograr un buen nivel depende de la constancia de las olas. Podés estar en la playa todo un mes y las olas no son buenas. En Perú se surfea en dos días lo que en Pinamar en todo el verano. Hay que tener constancia y fuerza de voluntad” advierte Federico. 
TÉrminos surferos
Tubo:
esencia del surf. Consiste en entubarse en la ola.
Aereal:
saltar la ola y volver a caer en ella.
Roller:
chocar la parte de la ola que está rompiendo.
Cut-back:
es la maniobra más rápida y exige retomar a al rompiente
de la ola.
Glass:
se usa para referirse al mar cuando está muy calmo y liso. Hay
poco viento y las olas no son chicas y prolijas.
Set:
la serie de olas grandes que se dan con frecuencia regular.
Longboard:
especie de tablón de siete pies que se usa para aprender a surfear.
Es ideal para lograr el equilibrio.
Alumnos a clase
Los Estanga tienen una escuela en el Parador Robinson Crusoe para los chicos
que quieren conocer el surf. Lo primero que se les enseña es a
pararse, algo no tan fácil al principio. Se efectúan fuera
del agua los ejercicios de precalentamiento para evitar los calambres.
Luego al mar.
“Les explicamos los movimientos, como remar. En definitiva a que
conozcan el lenguaje de las olas, la rompiente, la correntada. A bajar
de las olas y leer el mar. También hay clases de perfeccionamiento”.
“Si vos tenés un buen asesoramiento te evitás un montón
de pasos para aprender. Entendés como agarrar la ola, como pararte
en la tabla. Si un centímetro adelante o diez atrás, comprendés
la foma de pasar por debajo de una ola y, si te caes, buscar la canaleta
en el agua”.
Esta es la vida de los surfistas. Conocerlos es una invitación
a una charla plagada de anécdotas salpicadas de agua de mar.
Alli estan: en Pinamar. Surfeando. |
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