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todo el aÑo
Ostende
La belleza natural de sus playas y la historia
arraigada a sus rincones, hacen de Ostende un lugar que enamora a sus
visitantes. Sus espléndidas playas, con sus dunas originales cubiertas
por tamariscos, lo que las diferencian de las del centro y norte del Partido,
modificadas por las construcciones costeras, son las que dieron origen
a todo el proyecto turístico de la zona.
por karina lopez
fotografias de salvador curutchet | archivo |
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Los comienzos de Ostende aluden a un grupo de conocedores de las costas europeas que tomaron la decisión de recorrer las nuestras y encontraron nuestras playas como ideales para realizar sus sueños. Sueños que intentaron volcar en un gran proyecto: el de fundar un pueblo y balneario a semejanza de “Oôstende”, de Bélgica, de donde eran oriundos. Con el tiempo, este proyecto germinó y logró hacer de estas playas un lugar cautivante, con sus playas y sus dunas originales cubiertas por tamariscos que dieron origen a todo el proyecto turístico de la zona.Un lugar que hoy plasma un proyecto urbanístico netamente europeo de comienzos del siglo XX y un trazado de calles diferente al damero habitual, con grandes avenidas diagonales y una avenida central, de más de 50 metros de ancho, que termina en un hemiciclo en la zona de las playas. La llamada “Rambla de los Belgas”, antigua Rambla Sur de Ostende que mantiene hoy sus 40 metros originales, es testigo de los orígenes de estos balnearios. La Maisson Robette que fue construída por el pionero Fernando Robette en 1908 es uno de los edificios originales mejor preservados. El Viejo Hotel Ostende y el Museo de Ostende son también parte de estas tierras en las que la historia y las anécdotas dejaron sus huellas.
El mismo Arturo Frondizi, ex presidente del país, levantó una cabaña en 1935 entre los médanos salvajes de Ostende: “La Elenita”, una sólida y austera cabaña de madera situada junto al mar, que alberga hoy recuerdos de toda una familia. Allí donde la calle Estocolmo se cruza con el mar, la simpática casa adorna los médanos de Ostende con su no más de 30 metros cuadrados, su techo a dos aguas y sus paredes y pisos hechos íntegramente en madera pintada de color verde y ventanas blancas. Más allá de los retoques que se hicieron para reacondicionarla, todo está intacto desde sus comienzos: la vajilla, los sillones, los cuadros, la decoración.La vivienda se convirtió en paseo cultural y fue declarada sitio histórico nacional. “Este solar que Arturo Frondizi solía disfrutar en vacaciones alberga aún hoy el espíritu de austeridad cívica y sencillez republicana de este entrañable amigo de la naturaleza” se lee en la placa que colocaron frente a la casa el verano pasado durante un acto de homenaje.
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Por ordenanza No. 2383/99, del Honorable
Concejo Deliberante de Pinamar, Ostende ha sido declarada Localidad
Histórica, el 26 de Agosto de 1999. |
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Por ordenanza No. 2383/99, del Honorable Concejo Deliberante de Pinamar, Ostende ha sido declarada Localidad Histórica, el 26 de Agosto de 1999. “La Elenita fue una de sus pasiones, sobre todo en los primeros años de su matrimonio con Elena Faggionatto” evocaba durante el acto el vicepresidente de la Fundación de Centro de Estudios Arturo Frondizi, Ernesto Ueltchi. “Es la casa de un ex presidente, un pionero de estas playas y un símbolo de esta época que estamos dispuestos a proteger y preservar para las futuras generaciones” se pronunció a su vez, el intendente de Pinamar, Blas Altieri, anfitrión del acto de homenaje al que asistieron unas 100 personas.Frondizi ya había elegido el lugar cuando en la década del 30 hizo su primer visita a estas playas desiertas de vegetación y plagadas de dunas. Don Julio, su padre, eligió de su carpintería en Buenos Aires los tirantes más firmes para montar la estructura que resistió sudestadas, inviernos y el paso de los años.
Toda la familia colaboró a la hora de poner manos a la obra para terminar lo que sería el lugar de encuentro para disfrutar los mejores días frente al mar. Los Frondizi y los Faggionatto, la familia política del ex presidente, convirtieron pronto “La Elenita” en lo que sería un baúl de recuerdos y de veranos inolvidables. Román Frondizi, sobrino del ex jefe del Estado, que vivió gran parte de su infancia en esta cabaña, recuerda emocionado cómo disfrutaba de aquellos días de los años 40, cuando todo en Ostende estaba por hacerse. “Éramos nosotros, las dunas y el mar” evocaba sobre la soledad de la cabaña familiar, rodeada de lugares fáciles de divisar. Al Sur, el muelle de Ostende, al Norte, la estancia de los Guerrero, fundadores de Cariló. Al Este, el mar y al Oeste el almacén de Smith.Poco a poco, las obligaciones y la dispersión hizo que la cabaña tuviera cada vez menos visitantes. Incluso fue usurpada durante algunos inviernos, hasta que María Mercedes Faggionato, sobrina del mandatario, la recuperó y la reacondicionó para la posteridad. Así volvieron a latir a partir de 1993 tantos recuerdos de más de cincuenta años. Hoy los recuerdos son vivos para los que estuvieron cerca siempre y para todos los que quieren ser partícipes recorriendo la casa. La cabaña, abierta al público, es todo un paseo atractivo de estas playas.
La localidad hace gala de una muy buena gastronomía: “Hotel Rambla”, “M.M.”, “Los Hermanos”, en Ostende, “Del Sur”, “Gitanillos”, “Gongos” e “Hipocampo”, en Mar de Ostende, y excelentes servicios de hotelería, como ejemplo el bello Hotel Savoia, de cuatro estrellas, y otros, más pequeños, que responden a todos los presupuestos. Sus balnearios “Baden Haus”, “Hipocampo”, “Rambla”, “Robinson Crusoe” y “Tago Mago”, ofrecen carpas, sombrillas y espacios para jugar al voley, tejo, fútbol y paddle. O, simplemente, para tenderse en la arena a mirar el cielo azul, escuchando a las gaviotas y el murmullo de las olas.  |
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