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especiales
Juegos seductores
El verano es el momento propicio para que
jóvenes y no tan jóvenes se carguen de expectativas y fantaseen con nuevas relaciones de pareja. Factores endógenos hormonales, climáticos y culturales son poderosos estímulos para el cortejo amoroso.
por ricardo del campo
fotografias de archivo |
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Hoy el proceso de seducción es compartido por hombres y mujeres; ambos asumen un rol activo. Pero no siempre fue así, el hombre se ha visto sorprendido por esta actitud de avance de la mujer que lo ha dejado perplejo y en muchos casos inhibido. El despertar sexual surge en la pubertad y, casi al mismo tiempo, aparecen los impulsos que inspiran el cortejo, la ternura y la protección de la pareja: todos estos impulsos están comprendidos en el concepto de lo erótico.
“Debe darse la maduración simultánea de los mecanismos desencadenadores comunes a lo amoroso y lo sexual a fin de impedir una erupción totalmente azarosa de la sexualidad” (Biología del comportamiento, Konrad Lorens-Paul Layhausaan).
Si el desarrollo de estos mecanismos no evoluciona armoniosamente, el predominio de uno u otro de sus componentes producen el soñador ajeno al mundo o el Don Juan incapaz de lealtad.
Estas situaciones ocurren por influencias en muchos casos de estímulos culturales perturbadores. Se crea así la sensación de que en el verano todo es posible. Se relajan los controles, se flexibilizan los límites y se producen encuentros amorosos que serían inimaginables en el resto del año. Cuerpos esculpidos por el gimnasio y la dieta, pieles bronceadas y muy expuestas, ropas ajustadas, son componentes de un ritual de seducción que no está dirigido a un individuo en particular.
Veinticinco aÑos despues de la revolucion sexual, todavia se discute sobre la esencia del deseo femenino. Las viejas preguntas persisten y todo el tiempo aparecen otras nuevas. ¿Esta en la naturaleza femenina sentir el sexo, es bueno solo si viene acompaÑado de amor? ¿O estamos mezclando los tantos? ¿Puede una mujer disfrutar del sexo sin involucrarse sentimentalmente?
Este comportamiento de atracción indiscriminada, asociado con manifestaciones ansiosas, generalmente culmina en una frustración, ya sea porque no se logra la conquista o porque se establece una relación efímera y superficial que los jóvenes denominan “transa”. El fracaso sentimental no es la única consecuencia de estas conductas ni la más peligrosa; las enfermedades de transmisión sexual como el herpes genital, la hepatitis B o el Sida, por nombrar algunas, pueden ser el negativo saldo final.
Las relaciones ocasionales traen aparejado un desconocimiento acerca de la historia personal y los hábitos sexuales del otro. Es débil o inexistente el compromiso de informar y proteger al compañero. En un clima de relax y diversión continua, se desdibujan las responsabilidades y parece que sólo disfrutar el momento es lo que vale. Sin embargo hay otra opción: estar lejos de los rígidos horarios del trabajo o de las exigencias del estudio puede ser un marco apropiado para iniciar un vínculo distinto. Ese clima distendido debería ser la oportunidad para un acercamiento sin prejuicios, sincero. Que deje de lado la mera apariencia y apueste al conocimiento mutuo y a la expresión auténtica de las emociones. La vida plena es un estado positivo en todos los niveles, físico, psíquico, social y espiritual. El gran desafío del nuevo siglo es aprender a armonizar todos esos planos para conseguir una mejor calidad de vida y un verdadero bienestar. 
*Ginecólogo, nutricionista, especializado en sexología.
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