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carrera hÍpica en pinamar
Cacería del zorro
Esta tradicional actividad hípica deportiva de todos los tiempos, que nace en las profundidades de la historia, resulta hoy un acontecimiento frecuente en nuestro país desde la fundación, hace más de 60 años, del Círculo Argentino de Cacerías Hípicas.
por karina lOpez
fotografias de salvador curutchet | archivo |
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Si las cacerías son habitualmente emocionantes, en este escenario lo son aún más. Además la hospitalidad de las autoridades municipales del lugar y de los directivos de Pinamar S.A., convirtieron esta “semana hípica de exteriores” como la denomina la entidad organizadora, en unas mini vacaciones, incorporadas al calendario hípico de los cazadores, que esperan con ansias que llegue noviembre para disfrutar con sus caballos de estos “ingredientes” maravillosos.
Ya son 23 años que los cazadores se dan cita en esta bella ciudad balnearia que año tras año nos abre generosamente sus puertas.
Con un escenario a pleno sol, los 30 jinetes que participaron de la 22º cacería, debieron superar, una vez más, una serie de intrépidas pruebas en los bosques y playas de Pinamar.
La emoción predominó a lo largo del extenso recorrido, que fue diseñado nuevamente por el Club Hípico Hipocampo y cuya organización estuvo a cargo del Círculo Argentino de Cacerías Hípicas. Como se viene haciendo desde hace varias temporadas, la partida y llegada fue desde el Club “La Herradura”. Se trata de una villa hípica perteneciente a Pinamar S.A. que no solamente cuenta con modernas caballerizas sino también con dos excelentes canchas de polo del más alto nivel mundial. Desde allí, una larga caravana de espectadores siguió atentamente a los participantes, que debieron sortear 25 kilómetros para llegar a la etapa más audaz: quitarle la cola al zorro. Hombres, mujeres y niños se dirigieron al recorrido ansiosos por competir en el primer tramo. Se trataba de un gran salto cuya valla estaba hecha con troncos. Aunque varios sufrieron caídas, no detuvieron la marcha.
El siguiente paso fue por un terreno más pesado, con arena y pastos altos, rodeado por un bosque de pinos y acacias. Para adaptarse a los diversos suelos pinamarenses, los caballos debieron aclimatarse durante siete días.
El cielo despejado seguía acompañando las actividades. Más saltos, subidas y bajadas por los médanos aumentaban la complejidad del recorrido.
La competencia fue fiscalizada por un grupo de comisarios y dirigida por un master, la autoridad máxima. Ellos se encargaron de dividir en dos categorías (A y B) a los jinetes de los distintos clubes, de acuerdo a la dificultad de las pruebas, reflejado por ejemplo, en la altura de los saltos. Vale aclarar que para llegar a la recta final, la cacería del zorro en la playa, los concursantes debían superar al menos cinco etapas anteriores correctamente. Representado simbólicamente por un jinete más, el zorro salió con la ventaja convenida escapando de sus cazadores. Los caballos corrieron a lo largo de la orilla, y dibujaron un escenario espectacular.
Luego de refrescar los caballos en el mar y ya de regreso, nuevamente los cazadores se congregaron en la pista principal para la presentación de los ganadores y expresar su resonante ¡Halalí!, y recibir las hojas de roble.
El restaurante de La Herradura recibió a todos con un sabroso almuerzo.  |
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