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aldo
agnoletti
Una expectativa de vida
El primer viaje que hice acá fue
cuando yo tenía quince años. Hicimos una entrega
de un trabajo de carpintería para el Hotel Pinamar,
(hoy Playas Hotel).
por nORA
SANCHEZ LARRETEGUY
fotografias de salvador curutchet |
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Una personalidad como pocas, llena de gentileza y buen humor, es la del Sr. Aldo Agnoletti. Detrás de sus maneras delicadas y de su hablar pausado hay una voluntad de hierro que supo abrirse camino a través de las dificultades, propias de una tierra de pioneros, en la que todo estaba por hacerse, como era el Pinamar de aquellos años, cuando él resolvió adoptarlo como su lugar en el mundo.
"Nosotros a Pinamar lo conocemos desde el principio", nos dice el Sr. Aldo Agnoletti al iniciar su relato, "había una relación comercial con Bunge, porque en Buenos Aires teníamos carpintería y hacíamos todos los trabajos necesarios. Para Bunge primero y para Pinamar S.A. posteriormente. Bunge era una persona tal que, quién contactaba con él, debía tener algo que ver con Pinamar. Mi padre, Silvano Agnoletti, fue el pionero que, al contactarse con el arquitecto, comenzó a realizar trabajos de carpintería para las construcciones de Pinamar. Bunge fue una persona muy bien ubicada, sabía lo que convenía a esta localidad. Las fallas que podemos tener ahora, él las preveía, quería evitarlas. Tenía una concepción distinta de las cosas. Por ejemplo, con los hoteles: él decía que un hotel debía tener 10.000 m2 de terreno, si no, no podía ser un hotel. Hoy son pocos los que se ajustan a este concepto. Son muy desarrollados, pero no tienen el entorno. Él decía que Pinamar debía desarrollarse para todos aquellos que, ya en aquel entonces, no estuvieran de acuerdo con Mar del Plata, que era muy atractiva, con un barrio residencial muy bello, como "Los Troncos", pero no iba a satisfacer a quienes buscaban desahogo de la ciudad. Hablando con urbanistas me dicen que tenemos que tener un centro activo. Sin duda, pero tenemos que darle más mesura a esa actividad."
"De soltero venía a Pinamar, trabajando. El primer viaje que hice acá fue cuando yo tenía quince años. Hicimos una entrega de un trabajo de carpintería para el Hotel Pinamar, (hoy Playas Hotel). En el '43 me casé. Yo quería radicarme aquí. Pero en esa época Pinamar era demasiado crudo todavía. Faltaba infraestructura y, pensando un poco en los hijos, no nos animamos. Lo fuimos postergando. Trabajábamos ocho meses en Buenos Aires y cuatro estábamos acá. Por fin, nos instalamos en el '62. Lo que nos empujó a Pinamar fue "el invierno", de Alsogaray. Fue duro. En Pinamar, en cambio, se trabajaba bien. Para entonces habíamos cesado el negocio de Buenos Aires. La carpintería se había achicado y no la continuamos."
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| Mi
padre, Silvano Agnoletti, fue el pionero que,
al contactarse con el arquitecto, comenzó
a realizar trabajos de carpintería
para las construcciones de Pinamar. Bunge
fue una persona muy bien ubicada, sabía
lo que convenía a esta localidad. |
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"A Pinamar hay que dividirlo en etapas: la primera es la creativa, cuando se construían casas y hoteles: Pinamar se iba creando. Cuando nosotros vinimos ya comenzaba la parte institucional: Se necesitaban las entidades, había que dirigir y enfocar las inquietudes. Y en ese papel estuve: La primera institución que necesitamos fundar fue la de atención sanitaria."
"En el '62 ya tenía a mis tres hijas, pero ya antes, cuando veraneábamos, teníamos la preocupación de la falta de asistencia médica en Pinamar. Cuando nos radicamos -en el transplante al que nos empujó Alsogaray- me contacté con el Sr. Baravino, que había presidido una comisión mutual pinamarense, pero lamentablemente no había podido llegar a concretarla como centro asistencial. Entré en la Comisión de Fomento de Pinamar y en una subcomisión para crear la Sala de Primeros Auxilios fue el origen del Hospital y de la cooperativa de hoy. Después hicimos la comisión de la cooperadora (de lo que pomposamente llamábamos Unidad Sanitaria),y como cooperadora tuvimos la mar de inconvenientes. El Ministerio no cubría las necesidades. Como éramos cooperadora, nos tenían arrinconados.
Un día, como Pinamar fue siempre muy cooperativista, creamos la cooperativa de CUSPIN. Y tomamos una figura jurídica importante. Ya era otra cosa. Se hizo el contrato de anticresis y se consiguió elaborar todo lo que es el Hospital. Eso fue en el '78: Lo creamos en el '76, obtuvimos la personería jurídica en el mismo año, hicimos el contrato de anticresis en el '77 y terminamos el Hospital en el '78. Habíamos firmado el contrato de anticresis con la Provincia y conseguimos un convenio con Salud Pública de la Nación. La Provincia se desentendió. Nos dieron un hermoso lote (que les había dado Bunge a ellos: había destinado para la Unidad Sanitaria 11.000 m2 de tierra, en un lote muy bien ubicado.) Pero pasaban los años y la Provincia no hacía nada. La Unidad Sanitaria siempre estaba en locales prestados. Entonces empezamos con nuestro proyecto: Pero lo hicimos con Nación.
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| Nosotros
no les vamos a decir a ustedes si tienen que
operar una apendicitis o una uña encarnada.
Pero queremos disponer de los medios que nos
permitan estar tranquilos en lo que hace a
la atención de la salud de todos. |
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Y salió adelante. Luchamos mucho pero tuvimos la enorme satisfacción, y el orgullo, de que, ya cuando inauguramos el Hospital, para localidades chicas, no tenía par. Es un muy buen Hospital. En el grupo éramos un sastre, un inmobiliario, había amas de casa, un ingeniero telefónico, yo mismo era martillero. Todos nos poníamos a dirigir la parte asistencial. Y les decíamos a los médicos: Nosotros no les vamos a decir a ustedes si tienen que operar una apendicitis o una uña encarnada. Pero queremos disponer de los medios que nos permitan estar tranquilos en lo que hace a la atención de la salud de todos. Bregábamos por la asistencia continua, de 24 hs. Cuando éramos cooperadora teníamos un servicio de atención de un médico y una enfermera, que tenían la obligación de atender de lunes a viernes y de 7 a 14 hs. El resto del tiempo no había atención médica. Las señoras que tenían que tener familia, las urgencias, no tenían atención. Una barbaridad. No era cosa fácil nacer en Pinamar. Mi yerno debe haber llevado 6 o 7 señoras a Madariaga para la atención de un parto. Era cuestión de pedir ayuda al primero que pasaba. A mitad de camino hacia Madariaga había un móvil de la policía: En una ocasión hubo que parar en el móvil para asistir a una parturienta que no alcanzó a llegar hasta Madariaga."
"Paralelamente con el Hospital surgió Telpín, impulsado por Susini. Él encaró el teléfono. Antes teníamos "el 18", de General Madariaga y a Carmencita, la telefonista, que nos decía: "vas a poder hablar a las 3 de la tarde, puede ser". Todo era "puede ser". Cuando Susini preparó la cooperativa telefónica, hizo la tentativa de 100 teléfonos.
Se colocaron 88. Cuando uno ve como Telpín fue creciendo y qué servicios ofrece: es impresionante. Acá teníamos una gran ventaja: había un potencial económico importante. Actualmente muchos pueblos o ciudades chicas no pueden pensar en ciertas cosas porque no tienen con qué responder."
"Después surgió el MUPP: el Movimiento Unión del Partido de Pinamar. Con la sucesión de revoluciones y golpes de estado no había habido continuidad en nada. La primera sigla de Pinamar fue MUP: Municipio Urbano de Pinamar. Y nosotros creamos el partido vecinalista usando esa sigla como inspiración. Surgió en los finales de 1981 y comienzos de 1982. No podíamos pretender, después de tantos años de dictadura, tener una conciencia electoralista. Sin embargo ya en la primera elección, en 1983, obtuvimos dos concejales: Carlitos Cornide y Francisco Bombardieri. Después tres, después cuatro. Fuimos creciendo. Y ya van dieciséis años. Yo estoy convencido que el vecinalismo es una muy buena solución política. No entra la filosofía, la ideología política en juego. Hugo Ubieto, intendente de El Tigre, decía: "lo nuestro es la política del bache y la lamparita": y es la verdad. No tiene nada que ver qué filosofía tenemos aparte. Pero todavía falta mucho para captarlo bien, en su esencia."
"Coincidentemente fuimos haciendo muchas otras cosas: Estaba el problema de bomberos: Era otro de los problemas casi insolubles que teníamos. Cuando íbamos a La Plata por algún problema, nos decían: "ustedes no figuran en el mapa": éramos mil quinientos, dos mil, luego tres mil habitantes. Cuando éramos dos mil, éramos cinco o seis mil en el verano. Pero no figurábamos en el mapa. Entonces volvíamos a casa y nos decíamos: "Lo tenemos que hacer nosotros". Y lo hacíamos. Éramos un grupo de 8, 10, 12 personas las que motorizabamos las cosas. A veces cambiábamos. Pero, generalmente, sólo cambiábamos de sillones: si uno era secretario en una institución pasaba a ser tesorero en la otra. Pero siempre con la idea de hacer.
"En aquella epoca ni podiamos pensar en una autobomba. Si habia un incendio, se anunciaba a bocinazos e ibamos todos a apagarlo. Habiamos armado un equipo de palas, machetes, rastrillos, todas esas cosas. Los teniamos en un pequeÑo remolque, una chatita, que estaba siempre preparada, con los baldes y todo lo que se podia necesitar, menos agua: agua no habia".
Y estaban también los famosos mosquitos: los del dicho "haramos, dijo el mosquito".
"El Cuerpo de Bomberos se creó con aportes de cada propietario a través de la facturación de CALP. Habíamos establecido que el aporte debía ser igual para todos: primero cincuenta centavos, después un peso. Vino la inflación y tuvimos que establecer como aporte el equivalente de cinco kilovatios por propiedad, para no necesitar cambiar la cifra permanentemente. Esto nos lo discutieron tanto que terminó pareciendo quién sabe qué maldad. Pero el Cuerpo de Bomberos era ineludible. Teníamos que tenerlo. En aquella época ni podíamos pensar en una autobomba. Si había un incendio, se anunciaba a bocinazos e íbamos todos a apagarlo. Habíamos armado un equipo de palas, machetes, rastrillos, todas esas cosas. Los teníamos en un pequeño remolque, una chatita, que estaba siempre preparada, con los baldes y todo lo que se podía necesitar, menos agua: agua no había. El primer jeep que pasaba o que casualmente estaba cerca, la enganchaba y partía hacia el lugar del incendio. Se repartían las herramientas y todo el mundo cooperaba. Y suspirábamos por la autobomba. Hasta que con el famoso pesito de la factura de CALP llegamos a juntar la plata para la primera. La número uno, que todavía sigue trabajando. En ese entonces costaba siete mil pesos un kilo de pan.
La autobomba costó diez millones de pesos. Juntar esa cifra era un espanto. Pero llegamos a juntarla.
Hoy la institución tiene catorce unidades. Y es una maravilla. En el verano pensamos hacer una exposición para el turismo, porque hay que mostrar lo que es esa institución: es uno de los mejores cuerpos de bomberos de Argentina."
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biblioteca deambuló al comienzo de
la ceca a la meca, permanentemente, sin local
propio, hasta que, cuando se formó
CUSPIN, se la pudo incluir dentro del contrato
de anticresis. Quienes hacen política
hoy no rescatan ni conocen eso. |
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"Luego vino la fundación de la biblioteca. La fundadora fue Lidia Roldán. Era una señora que, en aquella época, hacía peluquería. Tenía esa preocupación de la biblioteca desde siempre. El grupo, al que yo pertenecía y que comenzó a actuar para concretarla, tomó la idea de ella. La consideramos la fundadora. La biblioteca deambuló al comienzo de la ceca a la meca, permanentemente, sin local propio, hasta que, cuando se formó CUSPIN, se la pudo incluir dentro del contrato de anticresis. Quienes hacen política hoy no rescatan ni conocen eso. Dentro del predio que comprende la anticresis se hizo el Centro de Jubilados y la Biblioteca "Manuel Belgrano". Se presentó el Centro de Jubilados dentro de un rubro de Asistencia Social y la biblioteca como el Ateneo del hospital, con visión de futuro."
La biblioteca deambuló al comienzo de la ceca a la meca, permanentemente, sin local propio, hasta que, cuando se formó CUSPIN, se la pudo incluir dentro del contrato de anticresis. Quienes hacen política hoy no rescatan ni conocen eso.
"Actualmente estoy cooperando con el Centro de Jubilados. Para mí es un pasatiempo. Pero hay una preocupación grande para los jubilados pinamarenses y es que surja el Hogar de Ancianos. Ya está todo listo, desde hace dos años. Pero el PAMI, con el problema de corrupción que lo aqueja ha demorado el trámite hasta hoy. Contamos con tres casitas, con cuatro dormitorios cada una. En cada dormitorio hay dos camitas. Hay un hermoso salón de actividades múltiples, que es el comedor central. Cada casita tiene también su living, si se quiere estar separado, y está también la parte de asistencia médica, con enfermería. Se anexó, además, un salón de actividades laborales para microempresarios. Seguiremos trabajando: Los de los antiguos grupos, seguimos cambiando los sillones.
Tuvimos la suerte de ver realizados muchos sueños. Yo siempre digo que no podemos alardear mucho de todo esto: En realidad, nos motivaron nuestras necesidades. Hicimos las cosas porque necesitabamos de ellas", termina diciendo Aldo Agnoletti, "tuvimos la fuerza para hacerlas. Afortunadamente, Pinamar ha sido siempre muy creativa." Los que llegamos después, les damos sinceramente las gracias.  |
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PERSONAJES DE PINAMAR
Jorge Enrique Shaw
Clorindo Testa
Paco Bar
Mauro Cáceres
Pedro Méndez
Aldo Agnoletti
Bomberos Voluntarios |